Temuco, 18 de marzo de 2008
Estimada Srta. Maturana:
En verdad, se me apaga el tiempo. Hoy he sentido fuertes deseos de verla, hablarle de ese proyecto y de tantas otras cosas y se me ha apagado el tiempo, ya sabe.
Lamentablemente, como tantas veces, nos falla el tiempo y el espacio. Ya ve, las cosas no son fáciles, pero no es tiempo perdido, son momentos de aprendizaje. Esperando, oigo musiquillas. No escucho, oigo.
Esto que le transmito seguidamente ha sido escrito un 23 de octubre. Me gustaría conocer su opinión.
Él
"Espero hayas amanecido bien para el jueves. Yo aquí sintiéndome cansado. Muy cansado. Sólo deseo descansar, dormir y amanecer con energía. Tengo cosas que decirte, me las reservaré para cuando hablemos. ¿Podremos vernos, conversar? ¿Estarás cuando yo esté, en la mañana, a eso de las 9? Quiero encontrarte aunque sea poco el tiempo. Encontrarte. Te quiero y no me hacen falta muchas razones para decirlo"
Ella:
"Hoy podría escribirte las cosas más eternas de mi vida y decirte en medio cuánto te quiero por esas cosas locas que a veces dices que me abruman del dolor de no verte, que me aprenden la suavidad y el miedo, la suavidad de resbalar dulcemente de la vida al sueño y el miedo a despertar.
Con todo, olvido a veces que respirar no es fácil siempre"
Son palabras sacadas del manuscrito de que le he hablado. El romanticismo se ve aquí un poco exacerbado, juvenil, quizás tengamos que revisar este tipo de pasajes. Confío en usted, para esto.
Ahora, quisiera contarle una anécdota que me ocurrió hoy, hablando de usted. Tomábamos un agua, una amiga y yo en una cafetería del centgro de la ciudad, y le hablé de usted - ella lee las cartas púplicas que publico mi blog de viaje, no las las otrasen. Le pregunté cómo la imaginaba ella a usted. "Delgada, dijo, con sombrero, seria, vestida de negro -luego rectificó, "con ropa oscura", dijo - y de unos 40 años". Mi amiga es muy joven, 40 años es, para ella, algo lejano y una mujer de esa edad, forzosamente... vieja.
Pero... ¿Cómo pudo adivinar lo del sombrero? Curioso ¿verdad? Además, en una servilleta de mesa, dibujó el sombrero, y... se parece mucho al suyo.
Un saludo afetuoso,
Miguel Ángel



